Medir
el aprendizaje de los alumnos es una de las tareas más complicadas a las que se
enfrenta un docente. Hay diversos métodos, unos más efectivos que otros, para
medir la adquisición de conocimientos y habilidades de los alumnos.
Muchos alumnos y futuros docentes nos hacemos
la siguiente pregunta: ¿Es necesario un examen o prueba para medir el
aprendizaje de los alumnos?. Bajo nuestro criterio, la respuesta es no. Hay
miles de métodos utilizados hoy en dia que creen hacer posible evaluar el aprendizaje de un educando, por
ejemplo, la evaluación continua: un seguimiento personalizado del alumno,
trabajo diario, el interés , la participación.
Las
pruebas y los exámenes se basan en el resultado y no en el proceso. En un
examen, realmente se valora la capacidad memorística y no el aprendizaje
adquirido; un aprendizaje memorístico es un recuerdo a corto plazo, que de
ninguna manera nos será útil para aplicarlo a ninguna situación, pues lo
habremos estudiado de carrerilla únicamente para salvar ese examen.
La
tradición juega un papel importantísimo en la evaluación y medición del
aprendizaje: los docentes elijen el camino fácil y llevan a cabo la tradicional
imposición directa de conocimientos. La clásica “explicación del tema”,
“actividades”, y “preguntas” al día siguiente sobre el mismo tema, sigue siendo
una vía de escape para aquéllos docentes que no se atreven a innovar, y a
probar un método curricular y pedagógico que rompa con los esquemas y
enseñanzas tradicionales. El problema de la enseñanza tradicional y las famosas
“pruebas” es la nefasta concepción que se ha creado de las mismas. Una
asignatura sin exámenes normalmente puede generar desinterés o aburrimiento,
porque los alumnos entienden que no hay que esforzarse para superar tal
materia, pero esto no significa que no haya que currárselo. Al contrario, el
trabajo debe ser continuado y progresivo, porque se da por hecho que somos lo
suficientemente cuerdos y maduros para comprender que si hay una serie de
documentos, exposiciones, o explicaciones en una asignatura, debemos
trabajarlas igual o más que si no existe examen. El tópico de “ya estamos aprobados porque no
hay examen” es una concepción que debe cambiar en el alumnado en general, y
deben entender que para un profesor es mucho más difícil hacer un seguimiento
continuo del alumno, que realizar una prueba final a la clase.
Lo que venimos a
decir, es que una nota no tiene por qué reflejar un conocimiento o habilidad,
nadie sabe qué significa un cuatro, un seis o un ocho. ¿Se sabe el alumno el temario
a medias?. Tiene mucho que desmenuzar el tema de la evaluación tradicional. Por
ejemplo, el factor del azar que prima en los exámenes. Un alumno puede haber
estudiado el temario al milímetro y dejarse dos páginas que piensa que no son
importantes, y casualmente, caen en ese examen. Por contraposición, otro alumno
estudia dos páginas que creen que son las que caerán en la prueba, y caen en dicha prueba. ¿Cuál ha estudiado más?
¿Quién tiene más derecho a aprobar esa prueba?. Otro hecho que confirma que los
exámenes no demuestran el aprendizaje. Además, no podemos optar por evaluar de una misma forma con todos los niños cuando éstos son diferentes, ¿es eso lo justo?
Pues cuando los alumnos realmente aprenden es con la utilización de métodos que los mantengan activos, actividades relacionadas con sus gustos, que les motive a aprender, para asi almacenarlo en la memoria a largo plazo (pues con una metodología activa los niños aprenden de una forma más fácil), además de estar divirtiendose a la vez de aprendiendo.
Como
conclusión, podemos afirmar que la
calificación actual es contraproducente y totalmente equívoca, que debemos
tener la suficiente valentía para innovar en los métodos educativos, y ser
conscientes de que la base del aprendizaje es el proceso y no un resultado.Evaluar no es poner nota, es valorar el trabajo del alumno.
